Novelas Negras

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@Joso9

Hace algunos años entrevisté al escritor colombiano Santiago Gamboa por su novela Plegarias Nocturnas. Entre otras cosas, Gamboa habló  sobre literatura y novela negra, y me dijo: “En América Latina, lo que es negro es la realidad.”

El escritor se refería a que en un continente con tanto crimen, corrupción y violencia, resulta difícil escribir una buena novela que gire alrededor de crimen, corrupción y violencia ¿Qué oportunidad tiene un asesino que vive en una zona dominada por el narco o la guerrilla? Ficciones gringas como True Detective o  Se7en son grandes exponentes del género, pero las muertes retratadas en ellas tienen relativamente poca imaginación si las comparamos con las del Pozolero.

Quizá por eso los nórdicos han desarrollado grandes novelistas noir, porque su realidad es tranquila, reconfortante y segura. Tienen educación de calidad, gran nivel de vida y un grandísimo sistema de salud pública. Incluso si se quedan sin empleo, el gobierno los mantiene hasta que encuentran otro. En una sociedad con un día a día tan aburrido, las novelas tenían que ser despiadadas y violentas para que los pobres suecos no se maten entre ellos de tanto tedio.

Por otro lado, en un continente como América Latina – y en un país como México – la realidad es intensa y asfixiante. De hecho, tenemos grandes cronistas y periodistas de nota roja porque cada día hay crímenes demasiado extraños para ponerlos en una película y que parezcan convincentes. En un ensayo publicado en 2012, Gamboa incluso habla de novelas negras incidentales, novelas que se desarrollan entorno a un crimen, pero que, como tienen lugar en Latinoamérica, acaban pareciendo un simple recuento de la  vida cotidiana. Por ejemplo, ha pasado  un año del multi-homicidio en la Narvarte, en el que la activista Nadia Vera y el fotógrafo Rubén Espinosa fueron asesinados junto con otras tres personas. Nada se ha aclarado sobre su muerte ¿Qué espacio tiene la ficción cuando ya vivimos una realidad tan oscura?

Quizá la única forma de desarrollar buenas ficciones negras es, irónicamente, no enfocándose en lo terrible que es el crimen en sí mismo, sino su contexto. Gamboa lo hace en Perder es cuestión de método y, recientemente, el escritor mexicano Jorge Alberto Gudiño lo hizo en su novela Tus dos muertos (Alfaguara 2016).

Tus dos muertos sigue al oficial Cipriano Zuzunaga mientras  intenta resolver la desaparición del hijo de un diputado. Lo terrible en la novela de Gudiño no es la violencia en sí misma, sino cómo ésta es producto de la vida cotidiana de los personajes. Además, la prosa limpia y tensa de Gudiño le agrega una capa de extrañeza a la novela.

Alguna vez le escuché decir al periodista Témoris Grecko que necesitamos periodistas que nos cuenten las cosas en nuestro idioma, en nuestro contexto. No es lo mismo escuchar a un reportero gringo en Siria que a uno mexicano, pues sus puntos de vista están informados por realidades muy distintas. Algo similar pasa con la novela negra. Narradores como Gudiño toman nuestra realidad y la vuelven una ficción que podemos leer y decodificar. En su novela – la primera de la colección de novela negra de Alfaguara – hay autoridades corruptas, policías infumables, pobreza, crimen, pero también algo parecido a  la esperanza y la redención. Mientras volteamos las páginas con prisa para saber qué les sucede a los personajes, también nos internamos en un México muy similar al verdadero, pero que sigue siendo ficticio. Y así, este tipo de ficciones cercanas, brutales y poderosas, nos hace entendernos mejor como sociedad.

Para no seguir el ejemplo de Peña Nieto y que se me acuse de conflicto de interés, confieso que Gudiño fue mi maestro hace tiempo y que ahora lo considero mi amigo, a pesar del constante sarcasmo que abunda en nuestros intercambios. Pero también soy su lector y lo he sido durante ya algunos años. Y de lector a lector, recomiendo mucho Tus dos muertos – y casi cualquier cosa que haya escrito este sujeto.

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