Nunca te rindas, sigue tus sueños y lee esta columna

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@Joso9

Entre todo lo horrendo que ofrece Internet; entre todo el machismo y la misoginia, entre toda la estupidez y el racismo, entre los chismes de farándula, los comentarios en mayúsculas en videos de YouTube, entre el Werevertumorro y German; entre las Kardashians y el nombre del hijo aún no nacido de Kanye West, entre todas estas cosas horribles y todo el porno que se genera a diario, el Internet ha logrado crear un monstruo aún peor: el optimismo.

A diario circulan por Facebook miles de videos e imagenes simplonas con el único objetivo de hacer sentir bien al que las comparte. Quizá en unos años la Academia Sueca otorgue un premio al pulgar que más autoestima social generó apretando el botón de “Compartir”.

No hablo aquí de artículos útiles, memes divertidos, tiras cómicas graciosas o fotografías con sentido del humor (por malo que éste sea). Ni siquiera hablo de las 22 razones por las que Love Actually es una mala película, ni de los videos de recetas instantáneas que funcionan más como pornografia culinaria. No. Vamos a hablar de cosas importantes, como de ESTA FAMILIA que SALVÓ A UN GATITO DE MORIR CONGELADO (FOTOS), de la mamá que sólo necesitaba un poco de ayuda en navidad y WOW NUNCA CREERÁS LO QUE ESTE RAPERO HIZO POR ELLA, del millonésimo perro que fue rescatado Y JAMÁS PODRÁS CREER LO QUE EL AMOR DE ESTA FAMILIA PUEDE HACER (VIDEO) y de ESTE NIÑO EJEMPLAR QUE LE DA UNA LECCIÓN A SU BULLY (por cierto, el minuto 1:43 los hará llorar).

Entiendo que por momentos la vida se nos pone deprimente. No conformes con vivir una existencia incierta (Paz diría que especialmente solitaria para el mexicano), a diario nos llueven noticias de atentados, violencia y racismo que nos ponen contra la pared. Pero cuando nuestra alegría y nuestra fe en la humanidad dependen de diez minutos de mascotas quedándose dormidas, quizá significa que algo dentro de nosotros está irreparablemente roto.

Para sanar esa herida existencialista, algunos amigos nos comparten a diario gotas de sabiduría, máximas morales bajo las cuales debe ser increíblemente difícil vivir, pues no serás rico hasta que tengas algo que el dinero no pueda comprar, y si eso no fuera suficiente siempre habrá alguien que quiera imitar tu estilo, aunque reconforta saber que el primer paso para saber perdonar es entender que la otra persona es pendeja y no se le va a quitar. Además el tiempo ayuda a descubrir todo: Las mentiras más ocultas, las razones más ciertas y las personas más falsas.

Todos tenemos conocidos que se sumergen en esta narrativa. Cuando algo les sale bien es porque trabajan arduamente por sus sueños, cuando algo les sale mal es una oportunidad, no un obstáculo, y cuando las personas se hartan de ellos es por pura envidia, entonces siguen su camino con la cabeza en alto.

Revolcarnos en nuestro optimismo y nuestra autoestima me parece una conducta primitiva, porque significa perderse la mitad de la vida. La mitad de esta existencia oscura y sin sentido, en la que se han sumergido poetas y artistas, y de la que han salido las obras de arte que adornan nuestros museos y librerías. Son nuestras desgracias, mucho más que nuestros triunfos, las que nos unen como seres humanos imperfectos y torpes pero, a veces, capaces de cosas extraordinarias (más o menos como los hobbits).

Pero ya me he extendido demasiado en esta diatriba. Si después de esta columna le fallan las fuerzas, estimado lector, recuerde que la  felicidad está en seguir a su corazón, pero antes de publicarlo cheque el nuevo estudio de la Universidad de Waterloo (SPOILER ALERT: Los que comparten “frases profundas” son tontos).

P.S. Siempre lleven puesta su corona invisible. 

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