Oaxaca o la fresez del discurso

MÉXICO, D.F. 10FEBRERO2015.- Cientos de maestros marcharon del Monumento a la Revolución rumbo hacia Los Pinos esto en el marco de la negociaciones con autoridades federales ara el pago de sus salarios retrasados. 
FOTO: MOISÉS PABLO /CUARTOSCURO.COM
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@Joso9

Durante una de mis clases en la maestría, un compañero inglés comentó lo engañoso que puede ser informarse por medio de Facebook. Según todos los medios que seguía y las publicaciones de sus amigos, el partido Laborista se dirigía rumbo a una victoria fácil en las urnas, sólo para terminar siendo arrasado por los conservadores. Una amiga llamó a esto una cámara de eco, es decir, uno puede tunear sus redes sociales para que reflejen la realidad que uno quiere.

Esto es dolorosamente cierto. Como poco a poco he dejado de seguir a mis amigos más conservadores -o de plano imbéciles- el mundo que refleja mi Facebook está lleno de personas inteligentes, de izquierda, a favor de los matrimonios entre personas del mismo sexo, los derechos humanos, el feminismo y la igualdad. Pero apenas promocionamos una publicación desde la página de esta revista, nos llueven los comentarios cargados con fervor religioso, misoginia gratuita, machismo mexicano y clasismo mágico.

Por lo tanto, tras lo sucedido en Oaxaca pensé que, como sociedad, estábamos por encima del “pinches maestros, pónganse a trabajar”, “bola de porros”, “son unos violentos”, “están afectando la economía”, “pinches nacos miserables hay que atropellarlos”, “tan bonito que es Oaxaca en la Guelaguetza”. Resulta que no. El hecho de que yo prefiera ignorar a mis contactos y medios que tienden a cargarse sobre esta línea, no quiere decir que no existan personas desconectadas de la realidad; personas que ven en la Policía Federal un instrumento de orden y justicia y en las protestas populares tan sólo un obstáculo para cruzar Paseo de la Reforma.

Desde hace tiempo me molesta este discurso y, como he dicho, dejé de seguir y pelear con amigos que se preocupan por los monumentos nacionales solamente cuando un grupo “anarquista” los grafitea. Para mí, la derecha fresa y Facebookera representa el triunfo del cinismo y la desigualdad.

Sin embargo, en esta ocasión noté otro tipo de argumentos que me inquietaron por igual. Una cierta tendencia a no creer nada de lo que dijera el gobierno y a alinearse de inmediato a favor de los “maestros”. Una narrativa en la que las fuerzas del orden reprimieron violentamente una manifestación de maestros rurales, sencillos, inteligentes, preocupados por la educación y el bienestar de sus alumnos, enseñando en pobres escuelas con pocos salones y muchos estudiantes.

Esta realidad existe -y ha sido por largo tiempo la realidad de la educación pública en México- pero también existe la realidad de la CNTE como un sindicato con mucho más poder del que debería, un sindicato que ve antes por sus intereses políticos que por la calidad de la educación, la realidad en la que dos mil personas (asumo que la mayoría no eran maestros) quemaron camiones y arrojaron bombas molotov a los policías que llegaron a desbaratar el bloqueo.

En una columna sumamente aguda, Enrique Krauze escribió: “El movimiento estudiantil del 68 nos dejó una lección irrevocable: el Estado mexicano no debe usar las armas para enfrentar manifestaciones. En ninguna circunstancia, en ningún tiempo, en ningún lugar”, pero de igual manera clasificó a la CNTE como una organización de corte revolucionario que ha “abusado de la libertad de manifestación, han afectando las libertades de tránsito y desquiciado la vida de cientos de miles de ciudadanos.” Conocemos a don Krauze y sabemos que dista mucho de ser un intelectual de izquierda, pero su opinión me parece válida: culpar al gobierno de no ejercer el diálogo sin dejar de criticar a un sindicato como la CNTE.

Lo ocurrido en Nochixtlán es lamentable en muchísimos niveles, pero no podemos dejar que nuble nuestra capacidad de reflexión. Sumarnos al cinismo fresa de la derecha o a la superioridad moral de una izquierda acrítica no aporta nada a una discusión que ya de por sí es compleja y enrarecida. Criticar la represión y la violencia en Oaxaca me parece necesario. Olvidarnos que la violencia proviene de los dos lados y que responde a causas complejas e históricas, no tanto.

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