Olvidos

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@Joso9

Desde que tengo memoria, se me ha dado bastante bien eso de olvidar. Es un asunto feo.

Quizá es que vivimos en un mundo tan ajetreado, que olvidar resulta la única manera de asirnos al presente, de no quedarnos flotando en los recuerdos. Lo malo, es que casi siempre elegimos olvidar lo más importante. Olvidamos fechas, cumpleaños, aniversarios, recados, nombres, caras, rostros, teléfonos, mails. Olvidamos hasta los consejos, los mandamientos, los ideales, las revoluciones, los movimientos. A Camila hasta se le olvidó que yo sin ti no puedo respirar. Y así.

Sin embargo, un olvido sólo cobra sentido cuando pasa factura, es decir, cuando lo recordamos y sufrimos algunas consecuencias. Entonces, para traer esos olvidos con algo de dignidad, Uno trata de ponerse a recordar qué fue lo que olvidó, por irónico que parezca.

Olvidar implica pasar por alto, creer que Uno tiene el día resuelto y encontrarse de pronto con que es domingo en la noche y hay que salir corriendo a comprar un sistema planetario de unicel, porque al niño se le olvidó la tarea entre los paseos dominicales y la emoción de que le compraran un libro nuevo. El resultado de ese olvido fue que castigaron mi Harry Potter y el prisionero de Azkaban durante toda una semana.

Hay olvidos voluntarios, como cuando los amigos quieren salir un sábado cualquiera, y Uno confirma, y confirma y re-confirma que sí va: “No hombre, de ninguna manera me atrevería a faltar a tu cumpleaños en el antro donde cobran un cover de $500, si somos hermanos…”, y al final la flojera (y la codera) existencial lo invade a Uno y acaba por tirarse en su casa a leer lo que sea. Pero siempre queda el pretexto: “Uf, la verdad se me pasó, es que ando con muchas cosas, todo se me olvida…”.

En varias ocasiones me he olvidado de las promesas de amor eterno, y también olvidé olvidarme de Berenice durante algunos años. Incluso olvidé que algunas mujeres también tienen derecho olvidarlo a Uno. Lo bueno: cuando menos lo esperas, llega el olvido por sí solo y van arrasando poco a poco con los recuerdos bochornosos. Lo malo: ahí está Facebook, para recordarnos las derrotas pasadas y los olvidos que olvidamos.

Un día hasta me olvidé que la concepción del tiempo de hombres y mujeres es diferente, y preferí pasar el cumpleaños de mi (ahora) exnovia viendo el partido de México-Argentina durante el Mundial del 2010. Todavía me excuso diciendo que a ella se le olvidó que cumple años cada año, mientras que el mundial se repite sólo cada cuatro. Ése y otros olvidos menos importantes ocasionaron la inevitable ruptura.

El último olvido “grave” que tuve, fue cuando me olvidé que Uno no puede ir por la vida enamorándose de las novias de sus amigos. De una novia de un amigo en particular. Pero bueno, la memoria es un truco más de la cabeza que del corazón. Y, de todas formas, como diría Óscar de la Borbolla: “Hay olvidos que ni recordándolos, se recuerdan”.

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