Para inquietar y conmover

MCH-LA-INFANCIA-DE-JESUS
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Por Pedro Derrant

Amigo lector, te tengo malacostumbrado a la certidumbre. O al menos esa es la impresión que me da releer mis anteriores reseñas. Cuando las hice, apenas leía la mitad del libro ya tenía una opinión hecha de él. Esta semana, en cambio, lo he leído, lo presté a un amigo, lo discutí con él y aun así no sé que decir, todo cuanto pienso me hace vacilar. The Childhood of Jesus (Viking 2013), del Nobel sudafricano J.M. Coetzee es una novela inquietante, profunda y poderosa al mismo tiempo, con un manejo extraordinario de la tensión narrativa, con maestría en la construcción de los personajes y una impresionante destreza para los diálogos. Voy a tientas, procurando describir mi impresión, pero hace mucho tiempo que no me quedaba tan corto de palabras para describir un libro.

La historia se desarrolla en Novilla, una especie de comunidad utópica a la que la gente pide ir para escapar de su pasado. Un cuarentón y un pequeño de cinco años llegan en barco desde su antigua vida. El hombre, Simón, encuentra al niño, David, solo y desorientado. No está con sus padres y ha perdido el único documento que puede ayudar a alguien a identificarlos; una carta amarrada alrededor de su cuello. Simón lo acoge y le promete que lo reunirá con su madre, pero pronto descubre la enorme dificultad que ello representa, no tanto por la ignorancia respecto a su imagen y paradero, sino porque ni siquiera sabe cuál es la utilidad de encontrarla. A partir de eso descubre que tampoco sabe cuál es la utilidad del trabajo, de la alimentación, de la propia vida. Con estos cuestionamientos se teje una novela que logra combinar una historia conmovedora con una constante lucha de ideas y un trastocamiento de los esquemas “fáciles” de pensar.

Ya he dicho antes que el diálogo juega un rol de suma importancia. Casi toda la obra está construida a partir de ellos, en discusiones entre los personajes, exponiendo ideas que pueden parecer por momentos burdas o demasiado excéntricas, pero que en el fondo esconden un razonamiento lógico radicalmente distinto al “sentido común”.  Con ellos, el autor trastoca la estabilidad misma de nuestra concepción sobre la realidad: ¿Qué son los números? ¿Se puede caer dentro de ellos? ¿Qué significa tal o cual cosa? ¿Cuál es el punto de trabajar?, entre otros.

Ahora bien, se escucha bastante denso y aburrido dicho en estos términos, porque parece más filosofía que literatura. El gran acierto de la novela, de hecho, es la forma en que presenta toda esta maraña de ideas: conversaciones entre Simón y David, sus amigos o compañeros de trabajo; siempre a partir de excusas en apariencia intrascendentes, triviales, pero que adquieren una dimensión nueva vistas a través de los ojos de los protagonistas .

Los personajes y las situaciones poseen una gran carga simbólica cristiana. De ahí el nombre de la novela. Podría aducir ejemplos como loco, pero de nada serviría, lo realmente importante es cómo esto se suma a la enorme incertidumbre que plantea una novela construida a partir del conflicto de ideas. Uno puede pensar que entre David y Jesucristo hay un parangón fundado en ciertos hechos paralelos de sus vidas, aunque es una salida fácil y no es la única explicación que acepta la novela. Lo que quiero decir, en suma, es que conforme uno intenta entender el libro, más perdido se siente, uno sigue leyendo esperando respuestas y sólo surgen más dudas. Nunca, ni la más pequeña de las interrogantes, acepta una respuesta. En esto fundo mi desasosiego, a esto atribuyo la voracidad con que leí la novela, con esto argumento su grandeza; puedo no estar seguro del significado del libro (¿hay de verdad un significado?), pero estoy seguro de que una obra que ocasiona tal nivel de zozobra tiene algo de especial.

En fin, The Childhood of Jesus es, a mi ver, una novela con una sustancia ideológica y literaria ejemplar, que me recuerda por qué empecé a leer: para sentir. Todo ello en un armazón narrativo sencillo, digerible y directo que no pierde el rumbo y se centra en lo medular, sin artificios innecesarios, sin recreo o laboratorio retórico, sólo una historia sólida y bien contada. Olvidemos el nombre de Coetzee, olvidemos sus premios, olvidemos lo que rodea la novela, lo único que debe importarnos es su fuerza, su credibilidad, sus personajes, sus ideas; todo ello, muestra de maestría y madurez. No creo exagerado decir que a Coetzee lo vamos a seguir leyendo los próximos cien años.

Nota del editor: En México el libro se encuentra con el título La infancia de Jesús, y es publicado por Random House Mondadori.

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