Peor para el Chapo

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@MarianoMoreno7

No hay nada peor que tener que escribir un artículo y no encontrar un tema más o menos decente del cual hablar. Esto ocurre mucho durante las vacaciones decembrinas. Al no haber temas relevantes en la agenda, los columnistas se ven obligados a escribir de generalidades como lo mejor y lo peor del año que fallece, pronósticos para el año entrante o listas de libros no leídos pero sí recomendados. O en una de esas fingen estar infectados de chikungunya para no tener que escribir, como yo.

Por eso la noticia de tu (nueva) detención fue como maná caído del cielo. Te cuento. Aquel viernes fui a desayunar con una amiga. Una noche antes habíamos recibido a la luna cantando, yo boleros y ella reggaeton. No te cuento más de ella. No vayas a querer mandarle flores también. Le comenté que lo mejor que me puede ocurrir frente a la página en blanco es la llegada de un tema extraordinario. “Como cuando se escapó el Chapo”, le dije. “Eran las vacaciones de verano y yo quería escribir algo más interesante que el sol y la playa. No se me ocurría nada hasta que todos nos enteramos de la noticia inconcebible. En ese momento creí que era una broma. El presidente nos decía que una segunda fuga sería imperdonable. Primero llegan los marcianos a invadirnos antes que el Chapo se escape, otra vez”. Después supimos que en realidad la broma era un país que deja escapar al criminal más buscado del mundo sin que pase nada.

Nos pusimos a hablar de otras cosas más interesantes que mis textos. A la mesa llegaron, por fin, las sincronizadas y las enchiladas poblanas. Jamás me hubiera imaginado que en ese mismo instante tú te arrastrabas por el drenaje de Los Mochis, Sinaloa, huyendo de la Marina Armada de México.

La noticia llegó en forma de un tuit ridículamente triunfalista, como si de repente hubiéramos recuperado Texas y California: “Misión cumplida: Lo tenemos. Quiero informar a los mexicanos que Joaquín Guzmán Loera ha sido detenido”. En el gobierno celebraron tu detención como el estudiante que aprueba un examen sin haber estudiado. Recordé que el castigo más cruel que tienen los presos es no poder ver las estrellas como nosotros las vemos aquí afuera, y a ti se te acabaron las galaxias. En seguida no faltaron los émulos de los Expedientes Secretos X a decir que todo se trataba de una cortina de humo para esconder la crisis económica. Es increíble, creen en deidades invisibles pero no en la captura del más buscado.

Los gallos todavía no desvelaban con su canto cuando los marinos llegaron al domicilio de Jiquilpan 1002 en Los Mochis. Muy cerca de ahí vive la madre del gobernador, el secretario de gobierno y un boxeador que ha sido varias veces campeón mundial. Apenas escuchaste el acero de la puerta quebrar y tus ojos se abrieron listos para ubicar el rifle de asalto más cercano.

Vaya bienvenida que le dieron al grupo de élite de la Marina, raaaca, raaaca, raaaca, ¡Arriba, arriba seguridad, arriba! raaaca, raaaca, raaaca, pum pum, todos tienen pegado el dedo en el gatillo, pum pum, traemos un herido, aguas aguas, los marinos le disparan a las tinieblas, pum pum, pum, el charco de sangre se va expandiendo, ¡necesitamos dos más! ¡rápido! tranquilo chaparro date vuelta tranquilo tranquilo, ¡granada! ¡granada! raaatatata raaatatata ¡lánzala! puuuuuum, raaaca, raaaca, raaaca, las balas quiebran a un sicario como si fuera una muñeca de cristal, ¡Suban! la atmósfera está repleta por neblina de pólvora, ¡órale! ¡manos arriba! ¡manos arriba! ¡tírense al suelo!

La casa de seguridad quedó tan destruida que un suicida yihadista se hubiera sentido cómodo ahí dentro. Me recordó a la balacera del final de La Reina del sur (coff coff), me refiero al libro de Pérez Reverte claro, cuando unos pistoleros intentan eliminar a una tal Teresa Mendoza (coff coff). “Y si se acaba el plomo, tíreles mentadas, que también duelen”. Te narro esto porque mientras tus gatilleros eran abatidos uno por uno, tú repetías la hazaña impensable del Altiplano y, siempre José Alfredo, te perdías en un abismo profundo y negro como tu suerte.

El resto de la historia la conoces muy bien. Emergiste de la tierra como una planta y junto con “El Cholo”, tu jefe de escoltas, robaste un auto a punta de pistola. Solo que no contabas con la denuncia por el robo del coche. Dos federales los detuvieron por exceso de velocidad. Intentaste corromperlos como tantas veces lo hiciste con policías y políticos. Les ofreciste morder la manzana del árbol de la ciencia del bien y del mal. “No volverán a trabajar en sus vidas”. Para tu sorpresa, Eva rechazó la tentación de la serpiente. La libertad dura menos que la apreciación de una estrella fugaz.

Confieso que siento pesar por haber aceptado que Sean Penn te entrevistara y yo no. Yo hubiera hecho preguntas más interesantes, de serio rigor periodístico, como ¿Qué le pasa a Lupita? ¿Quién mató a Kennedy? ¿De qué lado masca la iguana? Y Kate…¿la vas a seguir cuidando más que a tus ojos desde la cárcel? Se sabía que eras enamorado, pero jamás hubiera pensado que fueras un narcotraficante poeta. Ella te pudo haber cantado esa canción de Agustín Lara que dice “Oye te digo en secreto que te amo de veras…”. Ya sabes lo que dicen, que sea narco atrae pero que se tome un Bucana contigo enamora. Espero que por escribirte estas baratijas no me acusen de encubrimiento a mí también.

Si cada noche que pasaras en prisión fuera un muerto tuyo, no bastarían las cadenas perpetuas ni las rotaciones de la Tierra para contarlos a todos. Cuando reces acuérdate del cardenal Posadas, que ni por tener influencia con el alto mando celestial éste le dejo caer un chaleco antibalas desde las nubes. Ya no podrás ver las estrellas por la noche. Te veo en las noticias, otra vez esposado de las manos, cabizbajo, rodeado de marinos, y pienso en qué bonita es la libertad, chingao. Espero que mínimo hayas podido ver la reciente película de Star Wars. El Chapo Guzmán ha caído otra vez. ¿Será por fin la última? No lo sé. Después de tu segundo escape ya no meto las manos al fuego por nadie.

Dicen las filtraciones que el jefe del grupo de élite de la Marina te dijo “Se te terminaron tus seis meses de vacaciones”. Si yo fuera la persona que te ha estado cazando desde hace demasiados años, que se molestó con tu fuga como nadie, gozaría verte con la mirada triste, sucio y derrotado, y te diría como en aquella canción de Joaquín Sabina llamada Peor para el sol: “Me moría de ganas querido, de verte otra vez”.

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