Petite Maman: a un paso de la muerte

bourgeois
Share Button

@Lula317

“En la vida real me identifico con la víctima; en mi arte soy la asesina.”
– Louise Bourgeois (1911-2010)

Entre cabezas colgantes y mujeres-casa se yergue una araña gigante que alberga una jaula entre sus patas. Dentro de esta jaula vive Louise Bourgeois, artista visual francesa cuya exposición Louise Bourgeois. Petite Maman se exhibe desde el 28 de noviembre y hasta el 2 de marzo en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Bourgeois nació en París dentro de una familia de restauradores de tapices. Murió a los 98 años en Nueva York, ciudad donde vivió muchos años junto con Robert Goldwater, su esposo, y con sus tres hijos – Alain, Jean Louis y Michel. De esta vida se desprenden dos hilos que entretejieron su obra: la familia y la tela.

Para Bourgeois la armonía y el caos, el amor y la destrucción vivían en un delicado equilibrio que podía desgarrarse en cualquier momento. Así, heredó el oficio de restauradora de sus padres y se dedicó a enmendar o a destruir tejidos para enmendar o destrozar sus propias emociones: rosa para la felicidad, azul para la tristeza y negro para la desolación.

“Mi obra trata de darle significado y forma a la frustración y el sufrimiento”, lee una cita de Bourgeois en las paredes de Bellas Artes.

Al entrar a la primera sala de Petite Maman (“pequeña madre”), nos vemos envueltos en el abrazo cálido de una frazada. La luz tenue de las cinco salas que albergan 75 obras de Bourgeois proveen un espacio íntimo y secreto que recuerda a la seguridad del regazo materno. Sin embargo, la luz recae sobre piezas un tanto macabras: cabezas, cuerpos desmembrados, vestidos colgados en huesos, jaulas y otros elementos que marcaron de una u otra manera la vida de la artista.

El elemento más notorio de esta primera instancia es una araña gigante cuyas patas rodean una jaula. Dentro de la jaula, un sofá descansa plácidamente a media luz. La descripción de la obra explica que la araña simboliza a la figura materna y Bourgeois, imaginándose sentada en el sofá, está tanto segura de todo peligro como atrapada bajo su yugo.

Según Philip Larrat-Smith, curador de la exposición, Bourgeois buscaba el consuelo de su madre ante la proximidad inminente de su propia muerte. Así, su impulso por reparar los cuerpos de tela se traducen en una lucha simbólica por mantener en una pieza su propio cuerpo deteriorado con el paso del tiempo.

En cada rincón de las salas subsecuentes reina esta danza entre el amor y la violencia. Un cuerpo mutilado tiene a un cuchillo como cabeza, siempre amenazante con destrozar la existencia misma. Las figuritas humanas se unen con su fondo, desapareciendo sigilosamente de la mirada y convirtiéndose en parte de la escenografía. Siete cuerpos y diez cabezas se abrazan en una cama hecha con la misma tela que su corporeidad. Cinco cabezas más cuelgan de un frágil hilo negro – la familia.

Cada obra nos conquista con emociones encontradas. Por un lado, observamos la calidez de la tela y el cuidado minucioso de los detalles, por otro, la eterna amenaza de la violencia, la destrucción y la muerte.

A través de las 75 obras, Bourgeois logra transmitir ese torbellino emocional que alojó dentro de sí durante casi un siglo. La exposición es prácticamente una invitación a su alcoba, en donde sus más grandes miedos se desdoblan frente a nuestros ojos y nos seducen con promesas de amor y cariño.

“Para Bourgeois la tela estaba psíquicamente cargada. Ésta era la clave para recapturar emociones en su memoria. La tela era como un talismán para reactivar conexiones con las personas, los lugares y los eventos que de otra manera hubiera olvidado”, explica Larrat en la presentación de la primera sala.

Al  terminar el recorrido y salir del palacio, el sol deslumbrante del centro de la ciudad parece atentar contra la tranquilidad uterina de las salas visitadas. La remembranza que queda es una de asombro asqueado, de paz agitada y de una infancia asesinada que vivirá por siempre a través de la obra de Louise Bourgeois: la pequeña madre de un universo de creación (y de destrucción).

Foto: Especial

Comentarios

comentarios

Relacionado

*

Top