Política a la UFC

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@ocerrillo

Se vino el regreso a clases y con ello, el regreso de los maestros a las calles de la ciudad. Si creían que los bloqueos de la CETEG a la Autopista del Sol eran cosa del pasado, no habían visto nada. En menos de lo que Marco Fabián amenaza con irse a Qatar por no saber a-catar reglas en un equipo de fútbol para luego arrepentirse, la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación ya había movilizado sus huestes desde distintos puntos de la provincia hacia la capital de la república para plantarse en la Plaza de la Constitución así como en las afueras de la Cámara de Diputados. Su demanda sigue siendo la misma, las desavenencias sobre la reforma educativa, en especial, en la repercusión laboral que tendrá para el gremio magisterial.

El relajo que se suscitó es bien conocido por todos. El pasado martes hubo un fuerte enfrentamiento entre manifestantes y policías que devino en varios uniformados heridos y la toma del Palacio Legislativo, hecho que obligó a los legisladores a trasladar su sesión al Centro Banamex de Conscripto. En pocas palabras, se vinieron los madrazos, y no precisamente los que querían terminar con el dedazo.

Estamos viviendo los tiempos de la radicalización de la política. La ya vieja partidocracia se volvió pactista, suavecita como gel para el copete; mientras que la izquierda ortodoxa sólo se concibe a sí misma haciendo política en la calle, en la movilización, método que tiene ya varios lustros de mostrar nulos resultados en la historia de México. No sé si en Egipto o en Brasil si estén logrando algo (lo dudo), pero la movilización no parece brindar escenarios de solución para nadie.

Si para la izquierda es indigno que los diputados sesionen en un auditorio de un banco, al lado de las oficinas del Ejército, también son poco defendibles acciones como golpear policías y suspender clases al inicio de un ciclo escolar. Ambas son políticas de lo indefendible, de los caminos que no puede seguir un país que se dice democrático y que en “aras de una mejor educación” no es capaz de practicar la forma más elemental de dicha instrucción que es el respeto y el diálogo.

Lo más preocupante es que esto apenas es la reforma educativa; no quiero imaginarme cómo se van a poner las marchas y plantones ahora que se viene la reforma energética. Todos dejamos pasar por alto aquel sutil pero infame llamado a la violencia de hace 7 años cuando un candidato calificó a otro como “un peligro para México”. El resultado lo estamos viviendo. Hay una radicalización de la política donde las posturas se alejan cada vez más y se hace imposible el diálogo, ya no digamos el acuerdo.

Pobre de México: tan lejos de Hannah Arendt y tan cerca de Felipe Calderón.

Foto: Especial

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