Septiembre: zona de desastre

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Entrevista con Fabrizio Mejía Madrid y José “Monero” Hernández
¿Puede una novela gráfica prevenir un temblor?

Texto de José Pablo Salas (@Joso9)
Fotografías de Manuel Riestra (@manuriestra)

Si nuestros antepasados hacían sacrificios humanos para evitar que temblara, quizá dibujar y escribir una novela gráfica también podría prevenir sismos. Al menos eso piensa el escritor Fabrizio Mejía Madrid, quien, junto al monero José Hernández, hizo el cómic Septiembre: zona de desastre, editado por Sexto Piso.

De hecho, la historia de la novela y de esta entrevista, está ligada a los temblores: Septiembre: zona de desastre está inspirada en el terremoto que sucedió el 19 de septiembre 1985 en la Ciudad de México. Además, el día en que José Hernández se reunió a platicar del proyecto con el editor de la novela, también hubo un temblor en chilangolandia. Por si fuera poco, una vez que la historieta estuvo lista y escritor y monero dieron su primera entrevista juntos para hablar de ella, otro sismo sacudió al Distrito Federal. Y, mientras terminaba de transcribir la entrevista con Hernández y Fabrizio, el domingo 21 de abril de 2013, un nuevo temblor me hizo pensar, por un momento, que las casualidades no existen.

Como José “Monero” Hernández se encargaría de señalar durante la entrevista, ese día tanto él como Fabrizio Mejía Madrid llevaban playera negra y lentes. Si en este texto señalara cada vez que la entrevista fue interrumpida por nuestras risas, habría al menos diez acotaciones indicándolo; pero el lector se podrá imaginar que los ácidos comentarios de Mejía Madrid no podían más que convocar a la carcajada. Ni siquiera ante la clásica pregunta: ¿de dónde surge la idea de este libro? dieron tregua:

José “Monero” Hernández: En el principio fue el caos…
Fabrizio Mejía Madrid: No, en el principio fue el verbo.

(risas) (¿ya ven?)

JH: Y luego el creador dijo: “Hágase la novela gráfica” y el monero se hizo güey como ocho meses ¿no?. En marzo del año pasado Fabrizio me invitó a este proyecto, pero no sé cómo haya sucedido lo anterior a eso. La razón por la que acepté participar fue porque, cuando nos reunimos a platicar el proyecto con el editor de Sexto Piso, Diego Rabasa, empezó a temblar. Y ha sido el temblor más fuerte en la ciudad desde el del ’85. Entonces yo dije: ¡Ok, lo acepto, no tenía que llegar a tanto!

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El escritor Fabrizio Mejía Madrid

Mejía Madrid sí sabe lo que sucedió antes de hablarle al monero: Un día, al platicar con Rabasa, se dieron cuenta que no había una gran película o novela sobre el terremoto de 1985,  un evento traumático para el Distrito Federal. El editor le comentó que en Sexto Piso se estaba publicando novela gráfica mexicana, que por qué no elegía un monero para trabajar  un cómic sobre el terremoto. Fabrizio Mejía bromea y dice que él quería elegir al caricaturista Antonio Helguera, colega cercano y amigo de Hernández, pero que ya estaba ocupado. Se ríe y rectifica diciendo que en realidad Hernández siempre fue su primera opción por el nivel de realismo de sus cartones, además, el terremoto es un tema fundamental para la generación de ambos artistas.

José Hernández se dedica principalmente al cartón político, en el que en un golpe de imagen debe expresar una idea, o bien, ridiculizar una situación, un personaje o una frase. Al menos en México le sobra materia prima. Por su parte, Fabrizio Mejía Madrid es escritor y cronista, su más reciente novela es Vida digital, publicada en Alfaguara, pero también ha escrito crónicas, reseñas y artículos para revistas como Gatopardo o Letras Libres. Antes de Septiembre: zona de desastre ninguno había hecho cómic de largo aliento. Fabrizio dice que no lo volvería a hacer. Hernández comenta que quedó entusiasmado tras el resultado de su primer intento, pero que existe mucha diferencia entre hacer novela gráfica y cartón político. Finalmente, en un cómic como Septiembre… no pude hacer las trampas usuales de caricaturización que utiliza en el cartón. El monero vio sus propios defectos en el dibujo cuando tenía que retratar la realidad sin parodiarla.

En la novela gráfica vemos cómo un joven preparatoriano vive el terremoto de 1985 y los días posteriores a éste. Pero más que una crónica sobre la destrucción y las muertes que dejó el movimiento sísmico, se trata de una tesis: ante la inoperancia de las autoridades, los habitantes de la Ciudad de México se unieron para tratar de sacarla de los escombros. La sociedad civil se organizó en brigadas para rescatar gente atrapada entre los edificios derrumbados. Entre los voluntarios de esos días se encuentran precisamente los dos entrevistados. Además de los ciudadanos de a pie, gente como Plácido Domingo o Carlos Monsiváis aparecen retratados en el libro, ayudando en las labores de rescate. En esos días, los habitantes del Gran Chilango tuvieron que redescubrir la Ciudad de México en medio del cascajo.

FMM: Esa era la idea básica de la novela: que la ciudad era algo mucho más allá del trayecto entre la casa y la escuela, o que sólo edificios o nombres de calles.
JH: Además muchos de los que teníamos 16, 17 ó 18 años descubrimos la ciudad, porque no la conocíamos realmente. Yo conocía la zona de Azcapotzalco y de Gustavo A. Madero, pero había ido muy poco a la Roma, que fue donde anduvo la brigada en la que yo estuve.

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La escritora mexicana Guadalupe Loaeza le contó a Fabrizio que, hasta el día del terremoto, chavas como ella que vivían en colonias de clase alta como Polanco o Las Lomas, conocieron el Centro Histórico de la Ciudad de México. – Creo que había mejores épocas para conocer el Centro – dice el escritor- pero es casi histórico que, cuando hay catástrofes, existe una comunicación entre clases sociales de la ciudad.

Entre los episodios que se retratan en la novela, está el descubrimiento de cientos de costureras que trabajaban ilegalmente y eran explotadas por sus dueños en los sótanos de edificios que se derrumbaron; las incursiones del socorrista Efrén Zariñana “La pulga”, que, por su corta estatura, después del terremoto participaría en labores de rescate en varias catástrofes internacionales; y aparece el rescate de un canario que fue sacado de los escombros de un edificio con todo y su maltrecha jaula.

José, el canario es el único  elemento de la novela que aparece a color, ¿por qué?

JH: Porque ves que hay gente que es…
FMM: ¿Daltónica?
JH: No, hay gente que es hiperactiva, pues yo soy hiper-huevón. La idea era hacer todo a color, pero me hubiera tardado tres veces más. La decisión de insertar al canario en la historia fue muy curiosa, porque cuando Fabrizio me mandó el texto sentía que le faltaba un remate. Efectivamente, en la novela encontraban un canario, eso fue real, pero ya no volvía a aparecer; entonces para amarrar todo al final pensé: claro, que sea el canario que aparece en una nueva jaula. Se lo comenté a Fabrizio y él me dijo después: ¿por qué no que el canario sea lo único que esté a color? Y ya yo le dije: ¡Ah pues entonces hazlo tú! Pero fue un detalle que nos gustó a los dos. A mí, que soy el que hago los dibujos, se me ocurrió una solución narrativa, a él, una solución gráfica.

Esta comunión entre la visión de ambos sirvió para hacer de la novela gráfica una crónica social. A pesar de que se inserta un reproche contra el gobierno al no proporcionar ayuda a los damnificados, el ingrediente más poderoso es la participación civil, la idea de la Ciudad de México como un ente vivo. Una ciudad que el monero y el escritor compartieron, lo cual los hizo unirse en este proyecto.

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José “Monero” Hernández

Con proyectos como este, se nota una mayor apuesta por el cómic en México, a ustedes que no se habían dedicado a esto, ¿les sigue interesando hacerlo?

JH: Bueno, él ya dijo que no.
FMM: ¿Aguantar a este tipo otro día?
JH: Bueno, háblale a Bef.
FMM: O le hablo a Helguera.

Bef es el escritor y monero Bernardo Fernández, quien, además de sus proyectos en solitario, dibujó para Sexto Piso las ilustraciones de la novela gráfica La calavera de cristal, el guión lo hizo el escritor Juan Villoro. Otro experimento de la editorial fue la novela gráfica Pancho Villa toma Zacatecas, con grabados de Héctor de la Garza “Eko” e historia de Paco Ignacio Taibo II.

Bef también es escritor, él puede hacer todo solo.

FMM: Sí, Bef es un un self-made monero. A mí me resultó interesante como método de trabajo, porque yo me puedo descargar en Hernández y huevonear más. Creo que en los experimentos que ha hecho Sexto Piso tiene que haber casi una empatía de personalidades entre dibujante y narrador. Es muy obvio, digamos, en el caso de Taibo II y Eko, que se conocieron en los 70, han coincidido en reuniones de militantes y los dos son medio anarquistas. En el caso Bef-Villoro los dos son superstars en su medio y son igualmente obsesivos y rígidos, entonces creo que fue una buena combinación. En el caso de Hernández y yo, pues somos un par de huevones, pero somos de la misma generación, fuimos parte de brigadas…
JH: Y traemos playeras negras y lentes.
FMM: ¿Tu brigada estuvo en Tlatelolco no?
JH: Sí, el 20 de septiembre, en la réplica.
FMM: Seguramente ahí coincidimos.
JH: ¡Ah! Tú eras el que estaba… ¡Claro!
FMM: Sí claro, yo era el que estaba ahí sentado de huevón. Además, para descargar tu cinismo sobre el blanco y negro en la novela, en ese momento la ciudad estaba llena de polvo, era una ciudad a blanco y negro, las entrañas de la ciudad son grises, el cemento es gris, y como dice el protagonista: “La ciudad pesa mucho” … Apúntalo para la próxima entrevista.

La personalidad obsesiva y nerviosa de Hernández se distingue al hablar del proceso de dibujar la novela. Y afirma que, a pesar de la presión del tiempo, sufrió de manera divertida este proyecto.

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Hernández con la novela gráfica

JH: Yo sufría, en los últimos días de diciembre cuando ya la tenía que entregar. Incluso dije: ¿Y si no la entrego? A lo mejor me demandan o me meten a la cárcel.
FMM: ¿Te cae que pensaste eso?
JH: Sí, pues sí.
FMM: Pues yo le hablaba cada 15 días y le preguntaba: – ¿Cómo vas Hernández?
–Bien… ahí te mando un avance. Y nunca me mandó nada.
JH: Es que yo la quería hacer página por página, completita, hasta me compré varios blocks de fabriano, pero desde que dibujé el momento del terremoto y no me gustó, se echó todo a perder.  Empecé a escanear y a editar en Photoshop,  a hacer viñetitas sueltas. De hecho no hay una historieta completa físicamente, sino que son puros dibujos sueltos que ya fui armando en la computadora. Entonces sí, la sufrí de manera muy divertida. Me quedé con ganas de hacer más novela gráfica, pero con calmita, o a ver si alguien me vuelve a obligar.

Así, entre risas, Septiembre: zona de desastre apuesta por la memoria. Por recuperar un evento que cada quien relata desde su experiencia y su memoria. Algunos se fueron ese día, otros, todavía salen corriendo de un edificio cada vez que tiembla, ante las miradas burlonas de las generaciones más jóvenes. Pero un evento que caló tan hondo en la población chilanga siempre tendrá ecos en la literatura y en la forma de vivir la ciudad. Como lo explica Mejía Madrid: “Con la historia íntima se acaba contando lo mismo que la historia de la ciudad. Se hace un hilo conductor entre la tragedia del personaje la destrucción de la ciudad”. De la misma manera, la tragedia personal de cada persona que vivió el temblor, se une en una crónica a muchas voces, para no olvidar el terremoto del ’85, el día en que tuvimos que descubrir la ciudad entre sus propios escombros.

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