Tanhuato y el llanto en la casa del otro

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@MarianoMoreno7

Muchos no sabíamos de la existencia del pequeño poblado de Tanhuato de Guerrero en la geografía nacional hasta que un operativo de soldados y federales dejó un saldo de 43 (otra vez ese número) muertos: 42 presuntos delincuentes y 1 policía federal. El reguero de plomo se dio en un rancho, despojado de sus dueños originales, ubicado en la carretera. Las fotos revelan el tamaño de la carnicería. Cuerpos sin vida en el suelo, con rifle de asalto en mano, charcos de sangre mezclada con tierra y pasto, impactos de bala en paredes y cristales rotos.

Las preguntas surgieron: ¿Sólo un policía federal muerto? ¿Por qué tantos muertos del otro bando? ¿Y si en vez de un operativo policiaco se trató de una venganza por el derribo del helicóptero Cougar en Jalisco? ¿Y si en lugar de un enfrentamiento armado lo que hubo fue asesinato a quemarropa? El fantasma de las ejecuciones extrajudiciales de Tlatlaya recorre Tanhuato. En estos días oscuros y violentos, me vino a la mente una frase recurrente cuando se habla de la autodefensa hacia los criminales: “Prefiero que lloren en su casa que en la mía”.

La balacera en Tanhuato dejó más preguntas al aire que una película de David Lynch. Se trata de otro caso donde se desconfía de la versión oficial. Es cierto, nos encantan las teorías de conspiración y ha sido culpa del gobierno que no les podamos creer en muchas cosas que dicen. ¿Cuánta credibilidad puede tener un gobierno que afirma que no hubo ningún conflicto de interés en el escándalo de la Casa Blanca de Angélica Rivera? Y esta desconfianza no viene sólo de ahora. Despúes de una tergiversación de la historia en hechos como los Niños Héroes, la existencia de Juan Diego, el Chupacabras, la caída del sistema en 1988, pues como que tampoco se le puede culpar a la gente de no creer en las versiones oficiales.

Pero en el caso específico de Tanhuato también pareciera que se defiende más la vida del delincuente que de los encargados de detenerlos. Nos parece descabellado el hecho de que no hayan muchos policías muertos en un combate con sicarios del cartel Jalisco Nueva Generación, policías por cierto muy bien entrenados, y precisamente entrenados para que el enemigo no los mate. Como si solo pudiéramos creerle a la versión oficial cuando el número de policías muertos es elevado. Si no muere ningún soldado en combate es que seguramente se trató de un exterminio sistemático ordenado desde los más altos niveles del Estado.

Perdón, pero a sicarios que tienen poderosos arsenales para derribar helicópteros y partir un cuerpo humano a la mitad no se les puede combatir con flores y con consignas de armonía hippie.

Salvando las respectivas distancias históricas y de contexto, a Adolfo Hitler y la Alemania Nazi no se le combatió con chocolates, al Estado Islámico no se le está peleando con oraciones. Lo reitero, si el crimen organizado usa todo el poder a su alcance para atacar al Estado, ¿por qué el Estado no debería usar todo el poder a su alcance para combatir al enemigo?

En el momento del combate, del fuego, ¿cómo respetar los derechos humanos de los individuos que ya no tienen humanidad? Debe ser muy complicado respetarle la vida al tipo que no tiene ningún respeto ni valor por la misma. En una entrevista a Lolita Bosch en este mismo portal, la escritora afirma, casi con ternura, que los narcos no son unos monstruos ¿Entonces qué es aquel que decapita, que mata a palazos, que entre risas y gritos de júbilo mutila con machete y cuchillo? ¿Cómo llamarle a quien arroja granadas en una plaza pública llena de civiles? ¿Cómo les decimos a quienes asesinan migrantes y los entierran en fosas que no sabemos si algún día vamos a encontrar?

Así que de una vez podríamos ir al Vaticano e iniciar el proceso de beatificación de El Teo, quien desintegró en ácido a 300 personas. Y ya que estamos en esas, ¿por qué no pedirle a los hijos de puta que secuestran, extorsionan, violan y matan que se tomen selfies con nosotros? Seguro tendríamos muchísimos likes. 

Por otro lado, está la delgada línea roja que separa la cordura de la locura, al criminal y al policía. En México hace mucho tiempo que se cruzó esa frontera ¿Quién vigila a los vigilantes?, se pregunta Alan Moore en su gran novela gráfica Watchmen. A pesar de que han tenido infinidad de peleas, Batman no puede matar a su eterno rival, el Guasón, ya que al hacerlo se terminaría convirtiendo en lo que siempre ha combatido. Ése es el riesgo de las operaciones de limpieza.  Al momento de cruzar la línea, ¿cuál será la diferencia entre los sicarios y los soldados? ¿Quién nos defenderá de nuestros defensores? Mientras tanto, creo que muchos de los defensores de la vida de los delincuentes también preferirían que lloraran en las casas de los otros, en vez de en las suyas.

Foto: CNN

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