#TodosSomosActivistas o Por qué el activismo social está de moda

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@medicencocu

Más grande que el título de esta columna es la cantidad de gente que se cree activista social poniendo un par de hashtags en Twitter o protestando contra la globalización en Facebook para iOS en su iPhone 5s.

Por ejemplo, hace unos días se hizo popular en las redes el tema #FreePalestine. Me lo mostró mi hermana, en Twitter. Me gustaría creer que la mayoría de quienes se sumaron al movimiento tuitero saben por lo menos dónde está Palestina. Lo cierto es que es poco probable.

No es que esté mal que algunos jóvenes que tuitean desde su smartphone usando la red Wi Fi de algún Starbucks (que, por cierto, es más insegura que un teibol de Ciudad Neza) se solidaricen con un movimiento que, en efecto, es bastante noble. La bronca es que lo hagan por moda. Así.

Así como el Mundial estuvo de moda. Así como el pulque estuvo de moda. Así como los Crocs estuvieron de moda. Así como OV7 estuvo de moda. Así como sentirse español o alemán estuvo de moda, ser activista social en redes está de moda.

Moda, como todas, absurda. “Todos hay que poner un hashtag, tomarnos una foto y subirla a Twitter/Facebook. Nos vamos a ver muy cool. Va”.

Otro ejemplo. #BringBackOurGirls. Cientos de celebs -cito a la revista favorita de la lobukiza y mirreyniza de Mexique- se tomaron fotos con el hashtag en una hoja de papel y lo subieron a las redes. Como nos muestra la bella y bien dotada Salma Hayek -ojo al dato: compartimos alma mater– que engalana este texto, ella, con su multimillonario esposo francés en su mansión de Côte d’Azur o en algún castillo en algún bosque de Francia, está (o estaba, más bien) muy preocupada por el destino de las chicas nigerianas secuestradas por Al-Shabaab. Ningún problema, salvo que sería interesante conocer si la veracruzana está al tanto de lo que ha venido aconteciendo.

Otras mujeres, modelos, actrices, socialités -¿qué mierdas es un/una socialité?- hicieron lo mismo. Kim Kardashian, por ejemplo. No dudo que esta chica es alguien muy preocupada por el acontecer mundial, sobre todo cuando parece que tiene más glúteos que materia gris.

De nuevo, se entiende lo importante que ahora son las redes sociales para los movimientos, pero es nefasto que gente que no tiene idea de lo qué pasa en determinado evento, se sume, por moda, a las manifestaciones.

Un último caso, para que no se quede en el tintero (un decir, porque quién escribe con tinta en estos días): #SOSVenezuela.

Las misses, las de Miss Universo y Miss Mundo y eso, pensaron que era buena idea -que claro que lo era, al menos en cuestión de imagen- tomarse fotos con un cartel con el hashtag #SOSVenezuela. Cuando la tensión en Venezuela por el conflicto entre el gobierno de Maduro y la oposición estaba al rojo vivo.

Algunos datos. Las misses venezolanas, muy guapas todas ellas, que se unieron a esto, vivían en Miami o algún lugar del gabacho, ¿qué carajo iban a saber ellas de lo que vivían sus compatriotas? Y como para hacer tonterías todo mundo puede unirse, en México varias chicas, participantes de concursos de belleza, hicieron lo mismo. Como aquella Miss Algún Estado del País a la que le preguntaron qué opinaba de lo que sucedía en Venezuela. Sobra decir que no supo nada.

Mucho odio de este que escribe. Pero el punto es ése: el activismo social parece ser una cuestión de moda. ¿Dónde -diría mi abuelo- están esos que salían a las calles a defender sus ideas? Eso: ¿dónde? En Twitter y Hollywood seguro no.

Porque nos vemos cool poniendo hashtags, aunque no sepamos qué pasa en Palestina, ni de dónde son las 300 niñas secuestradas por Al-Shabaab, ni quién es Nicolás Maduro. Eso qué. Lo importante es mostrarle, al grado de presumirle, a la gente que nos preocupa lo que pasa en el mundo. (Aunque lo importante en realidad es que, en la foto que me tomé, se me vea bien el escote o mi copete esté igualito al de Peña Nieto).

¿Se acuerdan de Kony? Exacto.

Actualización, 20 de agosto

O, ¿qué me dicen del Ice Bucket Challenge? Banda de todo el mundo aventándose una cubeta de agua con hielos encima sin razón aparente.

La cosa es, yo me aviento (o alguien lo hace por mí) una cubeta de agua helada. Pongo cara de que me hice del baño en los pantalones o grito o las dos cosas juntas, y luego nomino a alguien (o alguienes) para que hagan lo mismo. El chistorete de esto, es donar a la ALS, una asociación gringa que junta dinero para atender y trabajar con pacientes con esclerosis lateral amiotrófica.

Yo sé que ustedes habrán encontrado en las redes sociales uno que otro video. Es regresar al punto de todo este texto lleno de odio. Todo mundo es -o al menos así lo cree- un activista. Aunque es probable que mucha se exponga a contraer un resfriado sólo porque es “chido”.

Un par de preguntas para cerrar: ¿no sería más sencillo sólo donar dinero? Pero, sobre todo: ¿todos los que se han aventado agua con hielos encima ya donaron?

Foto: Especial

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