¡Trump para presidente!

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@Joso9

Un día Donald Trump estuvo en todas partes: en los noticieros, en los programas de comedia, en miles de parodias, en mis redes sociales, en cientos de comentarios de todos los mexicanos que no se indignaban así desde que los taxistas se manifestaron en contra de Uber, o desde que Arjen Robben se lanzó tremendo clavado en la cancha del estadio Castelao de Fortaleza, quitándonos cualquier ilusión de llegar al quinto (puto) partido en el último mundial.

Los comentarios que Trump hizo sobre los mexicanos al anunciar su candidatura a la presidencia de Estados Unidos nos calaron hondo. Entre otras cosas dijo que sólo mandábamos a violadores y ladrones a su país, y que construiría un muro fronterizo y haría que el gobierno mexicano pagara por él (si supiera que el gobierno mexicano no paga ni la publicidad oficial en medios de comunicación).

La reacción del gobierno mexicano fue, por supuesto, tibia. Aunque entiendo, tampoco tenía mucho caso detenerse demasiado en una más de las excentricidades del tipo. “Se ve que busca más generar una nota que un proyecto, y que por supuesto no sabe y no conoce seguramente la aportación de todos los migrantes, de prácticamente todas las naciones del mundo, que han llegado a apoyar, a respaldar el desarrollo de los Estados Unidos” dijo nuestro secretario de gobernación. Más politicamente correcto imposible.

Sin embargo, México tuvo un aliado inesperado en el suceso: Venezuela. El presidente Nicolás Maduro (mejor conocido en México como Javier Alatorre), mandó sendo mensaje a Trump y a Estados Unidos: “Qué indignación. Quien se mete con México se mete con Venezuela. Repudio total las declaraciones de este bandido y ladrón”.

Aunque las declaraciones de Maduro me parecen más contundentes y divertidas (también le dijo pelucón a Trump) no quiero que usted piense, lector atento, que soy fan del mandatario de Venezuela. Estoy en contra de cualquier gobierno autoritario y que limite la libertad de sus ciudadanos. Sin embargo, un escozor en mi cabeza me dice que, en realidad, buena parte de los mexicanos que se indignaron con los comentarios de Trump lo quieren como presidente, pero de México.

Piénselo un segundo: Trump sería un excelente presidente de todos nuestros mirreyes y lobukis: personas como él, con un sentido de la realidad muy distorsionado que creen que el dinero que tienen les da derecho de pasar por encima de los demás. Sería el candidato ideal de la ultra-derecha mexicana, pues reduciría (más) el gasto social para dejar que el mercado haga de las suyas; y sería el mejor aliado de empresarios como los Vázquez Raña, los Servitje, los Azcárraga, los Slim: acostumbrados a hacer lo que les da la gana con un freno mínimo del gobierno.

Claro, en redes sociales mucha indignación porque Trump llamó a nuestros migrantes violadores y narcotraficantes, pero cuántos de nosotros nos indignamos y les decimos “huevones” y “vándalos” a los manifestantes que nos cierran una calle; los mismos que sólo salimos a protestar cuando Mancera comienza a perseguir legalmente a Uber. Cuánta gente desprecia a los trabajadores domésticos, a la educación pública, a las personas que viven en nuestro país y que no tienen las mismas oportunidades que nosotros. Cuántos no hemos insultado alguna vez a alguien por ser indígena, homosexual, o simplemente distinto a nosotros.

Y si los Trumpistas mexicanos ya tienen su candidato, es muy probable que Felipe Calderón se vuelva el nuevo secretario de gobernación (al fin muchos querían que Felipillo se reeligiera para este sexenio). Mientras Maduro despotricaba contra Trump, Calderón lanzaba un tuit para burlarse de la selección venezolana y de paso ofender a su presidente. Yo sé que algunos defenderán la libertad de expresión de nuestro ex-mandatario, pero esa libertad no quiere decir que no haya consecuencias, como ser declarado persona non grata del gobierno de Venezuela.

Ya lo dije, nadie tiene porque apoyar a Maduro, pero quizá como latinoamericanos que somos valdría la pena voltear más hacia el sur en nuestros asuntos cotidianos, en lugar de estar obsesionados con parecernos al vecino del norte.

Así que antes de volver a quejarse sobre Donald Trump, piénselo bien, lector astuto. Porque quizá algunos de los candidatos que empiezan a destaparse para gobernar nuestro país dirán cosas más ofensivas, más fuera de la realidad, más peligrosas. Y quizá hasta votemos por ellos.

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¿Qué estamos leyendo?: La semana pasada leí Civil War (Mark Millar y Steve McNiven), el cómic de Marvel en el que estará basada la próxima película del Capitán América. Es entretenido, pero como muchos cómics de super-héroes la trama y sus consecuencias se desarrollan demasiado deprisa. Mejor leer el nuevo libro El Despido (Lumen), del gran periodista Wilbert Torre, donde no sólo hace una crónica de la salida de Carmen Aristegui de MVS, sino que nos regala un profundo análisis de la relación entre prensa y poder, y la enferma dependencia de los medios de comunicación de la publicidad oficial.

Foto: NDMX

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