¿Un terrible accidente o un atentado?

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“Pemex no se vende”, le increpaba un estudiante al preciso Peña Nieto en Colima durante la presentación del Programa Nacional Forestal. Horas después una explosión en el edifico administrativo B2 de la Torre de Petróleos Mexicanos dejaría como saldo (hasta el momento) 32 muertos, más de cien personas heridas y esperemos que ninguna bajo los escombros.

Todavía uno no se terminaba de sorprender de que al Peje se la quisieran dejar caer con una multa por rebasar el tope de gastos de campaña (el candidato humilde que viajaba en transportes modestos mientras otros tenían su avión privado, aunque tampoco era para rebajarse a viajar en una combi) para que ayer la vida nos sorprendiera de nuevo con una explosión en la Torre de Pemex en la Ciudad de México. ¿Dije que nos había sorprendido? Porque al ir viendo y oyendo en las noticias que Pemex no tenía los equipos necesarios para evitar ese tipo de siniestros la sorpresa repentinamente desaparece. La misma historia de siempre, el accidente que se pudo haber evitado y que por negligencia, corrupción, estupidez o todas las anteriores se tiene como resultado una tragedia.

Pero por el otro lado, ¿y si se trató de un atentado? Cambia todo el panorama. Ese sospechosismo tan mexicano no podía faltar en estos casos: un atentado terrorista, faltando poco tiempo para que el altísimo edificio se derrumbará de la misma manera que las Torres Gemelas. ¿Un avión que se haya estrellado en la Torre? El secretario de gobernachong se encontraba en tierra así que esa versión fue descartada rápidamente. O la versión de secretas y oscuras conspiraciones que tengan que ver con la Reforma Energética, para por fin lograr adueñarse de la paraestatal mexicana.

Milagrosamente en este caso sí hubo una buena respuesta por parte de las autoridades. Miguel Ángel Mancera fue de los primeros en llegar al lugar de los hechos, seguido de funcionarios como Miguel Ángel Osorio Chong, Pedro Joaquín Coldwell, Carlos Romero Deschamps y Jesús Murillo Karam. Ni que decir de marinos y policías federales. Hasta el presidente Peña Nieto pasó a llenarse de un poco de escombro su peinado en el lugar del desastre. Luego visitaría a los heridos en los hospitales de PEMEX.

Sea cual sea la causa este hecho, es una gran tragedia. 32 muertos.

Queda de nuevo la pregunta. ¿Un terrible accidente o un atentado?

Foto: AP

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