Una generación mirreinal

javi noble
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@Joso9

Vuelvo a leer el gran artículo del periodista Ricardo Raphael sobre la dictadura de los mirreyes y, como la vez anterior, me quedo a medio camino entre la sonrisa y la amargura; pero gana la amargura. A partir de que compartí en Facebook este texto, en el que Raphael critica la mediocridad de los jóvenes más privilegiados del país, discutí con algunos compañeros sobre la responsabilidad de pertenecer a un nivel socioeconómico medio-alto, que toda la vida ha tenido acceso a una educación de calidad, entre muchas otras cosas. Y también me receté la diatriba de una amiga (la sigo considerando mi amiga aunque me eliminó del feis) que opinaba que los que nos quejábamos del exhibicionismo de los mirreyes y mirreinas, de los vídeos de instituciones como el Cumbres, y que compartíamos la opinión de Raphael,  éramos una “bola de resentidos huevones que se la viven en facebook criticando no se ponene a trabajar y dejan de molestar personas”, entre otras cosas.

El argumento principal de la antes citada es que México es un país de muchas oportunidades, y que está en cada uno trabajar para salir adelante. Un argumento popular (y populista) que encierra algo de verdad: conocemos historias de muchas personas que, de tener poco o nada, lograron una carrera exitosa y triunfos inesperados. El ejemplo más burdo es Benito Juárez, pero a mí me gusta considerar a mis padres, quienes pagaron cada uno su propia carrera profesional. Historias hay muchas, pero son la excepción que confirman la regla. México es, y ha sido históricamente, un país desigual en oportunidades para sus ciudadanos. Los miembros de clases más altas replicamos un sistema injusto de compadrazgos y mediocridad, mientras que muchos jóvenes con un futuro profesional brillante se ven estancados en la pobre oferta educativa, se quedan fuera de los poquísimos puestos que da la UNAM (la mejor universidad del país, sin duda), o, simplemente, nunca pueden acceder a las instancias más básicas de educación y empleo por vivir en zonas sumamente pobres del país.

Las razones de esta desigualdad son demasiadas, como también son muchos los ejemplos de mexicanos con grandes privilegios que se dedican a proponer proyectos que mejoren la situación social en una comunidad o zona; las propuestas educativas de Carlos Slim o el proyecto Construyendo y Creciendo, de la familia Shabot-Cherem, pueden ser dos de muchos ejemplos. Igualmente, hay muchos emprendedores sociales con pocos recursos pero que buscan causar un impacto específico en temas como educación, comercio justo e integración. Y, sin embargo, vivimos en un país tan desigual que nomás no alcanza.

Pero, como obligación asangrefriesca, he de escribir lo que opino (aun a riesgo de ser llamado nuevamente huevón y resentido), y creo, junto con Rapahel, que la élite económica de jóvenes mexicanos que estamos en escuelas privadas formamos una clase más bien mediocre, poco preocupada ya no digamos por cambiar a México, sino incluso por discutir y leer, por aprender a escribir y a dialogar con una ortografía decente. No es nuestra culpa haber nacido en un nivel socioeconómico alto, pero sí lo es no preocuparnos por criticar los excesos propios de éste, así como nuestra pasividad y arrogancia ante los problemas de otros con menos oportunidades. Miro a mis compañeros  y compañeras y encuentro un pobre nivel en temas políticos y culturales, pero los veo y los leo preocupados por aparecer entre las más guapas de la revista Quién o en las felicitaciones cumpleañeras que había en el suplemento Club Joven, del Reforma. Somos una generación  enajenada por el star system y las publicaciones cándidas, por una vida de poco esfuerzo y máximo disfrute que incluye viajes al extranjero, universidades privadas, clubes sociales, antros y el horrendo concepto de socialité: una persona que es famosa porque es famosa.

Seré transparente y diré que estudio en la Universidad Iberoamericana, una escuela que, si bien fomenta la mediocridad en muchos sentidos, también se preocupa por mantener un cierto nivel académico y una mirada constante en los temas de impacto social (no por nada el vapuleado #Yosoy132 surgió aquí). Muchos de mis compañeros y amigos no entran en la descripción hecha arriba, y son y serán personas inteligentes y cultas, lectores empedernidos y hasta activistas políticos como, seguramente, también existen en la Anáhuac, en la UP o en el Tec de Monterrey. Pero en México existe otra realidad: la realidad de personas como Paulina Peña y el Niño Verde, la realidad de los hijos del jeque Romero Deschamps y de las revistas del corazón; la realidad del Club Reforma, de los vídeos del Cumbres y las ladys de Polanco; la realidad de los mirreyes escotados hasta el ombligo que le dicen “gato” a un mesero, solamente porque su trabajo consiste en llevarle la comida al señorito.

Creo en la libertad personal, en que lo que importa en esta vida es encontrar lo que le apasiona a uno, y muchas veces eso puede estar alejado de un proyecto de emprendimiento social. Sin embargo, como miembros de una parte privilegiada de la sociedad, hemos de corresponder lo que se nos dio, hemos de leer y criticar y proponer, y desquitar los miles de pesos invertidos en nuestra educación. Hemos de trabajar duro por tener una vida digna, y para tratar de que la vida de los que tienen menos que nosotros sea igual de digna. Por lo menos hemos de evitar los comentarios clasistas y estúpidos, y dejar de creernos esa enorme mentira que reza que “los pobres son pobres porque quieren”.

Y es que criticar no es lo mismo que quejarnos, tampoco ha de confundirse con poco patriotismo o incongruencia. Mi hermana, cuatro años menor, lo puso en una oración contundente: “Si el 4% de los mexicanos que tenemos esos privilegios no nos criticamos a nosotros mismos e intentamos cambiar las cosas, nadie lo va a hacer”.

Foto: Especial

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3 Comments

  1. Sandra said:

    Felicidades! Creo que mejor no pudiste describir la realidad que aqueja en nuestra sociedad mexicana. A veces es más importante llevar la mejor bolsa, blusa, los mejores zapatos que un buen comentario lleno de sabiduría e inteligencia basado en la lectura y experiencias

  2. Rosendo said:

    Me pudo encantar ese llamado a la crítica inteligente hacia un grupo al que la sociedad mexicana juzga y ataca; pues señalamientos viscerales y acusaciones masivas,torpes y socavadas llenan toda plataforma electrónica versus los citados mirreyes, éste no fue el caso.

    Pero la ignorancia y mediocridad es generalizable al pueblo mexicano (le duela a quien le duela), aunque para alguien con las “oportunidades” de los pap’s es motivo de pena ajena. Tu crítica es asertiva y directa, además de romper contra esa tendencia de considerar a quién escribe como un “represor”, bastante normal en un pueblo oprimido (y viceversa)

    No obstante al leer los comentarios de tu texto, confeso sentir pena también, pues se te pide acciones más allá de la crítica cuando aciertas con el argumento preciso que hiere y hace pensar; esa enseñanza sublime tan ajena a México, a nuestra época y que tanto hace falta (y que tanto periodista e intelectualucho partidista abusa de la libertad para buscar intereses particulares; generando solo confusión e invierte la máxima de la ilustración a un patético “poder es saber”/”hacer es poder”); ni decir de la coyuntura tan mundana de reclamar sí la UNAM es la mejor universidad o no… en fin, pocos sabemos leer entre líneas y comprender más allá de lo que dicen las palabras.

    Pues ¡felicidades te ganaste un fan! Saludos

  3. Mafe said:

    José: estoy lejos de ser una mexicana ejemplar pero quiero compartir mi perspectiva y opinión sobre tu articulo.
    Estudie tanto la licenciatura como la maestría en universidades particulares y de alto nivel académico, ambas son caras, sin embargo la licenciatura la hice en un sistema creado para personas que estudian y trabajan, yo trabajaba de 9 de la mañana a las 6 de la tarde y estudiaba por la noche de 7 a 10, las tareas las hacia por las noches, en los camiones en que me trasladaba de mi casa a mi trabajo y de mi trabajo a la escuela, así como en la hora de comida, además vendía dulces para poder tener el dinero que me hacia falta para comprar el material que necesitaba, las fotocopias, transporte etc. y finalmente logre titularme con mención honorífica por promedio.
    La maestría la estudie gracias a una beca que recibí, también estudie y trabaje al mismo tiempo y al igual que en la licenciatura obtuve mi titulación con mención honorífica por mi promedio.
    No fueron tiempos fáciles, no es sencillo elegir entre pagar escuela y comer y finalmente decidir dejar de comer ya que por pasar hambre no te cobran intereses, cosa que si sucede si no pagas las colegiaturas a tiempo.
    No es sencillo pasar la semana corriendo entre la escuela y el trabajo, caminar por la calle bajo la lluvia con la mochila, la cámara fotográfica, y la caja de dulces, y la computadora que alguien te prestó.
    Es complicado comer con una mano (cuando si había alimentos) mientras vas en el transporté público y en la otra mano llevar las fotocopias con las que me ahorraba el gasto en libros para los que el dinero muchas veces no alcanzaba.
    Gracias a Dios en mi familia no me cobraban renta ni manutención ya que la cuota era voluntaria.
    Tenia compañeros que tenían aún mas dificultades que yo y sin embargo también tuvieron un promedio mejor que el mío…, padres de familia con varios hijos, madres solteras, adultos mayores etc.
    Al verlos y conocerlos yo me preguntaba ¿yo que pretexto tengo para no salir adelante?¿ con que razón puedo sacar una calificación mediocre?
    ¿y sabes? En esas escuelas conocían mis circunstancias y las de el resto de los estudiantes y nunca fuimos rechazados .
    Tiempo después tuve la oportunidad de trabajar en un Instituto Tecnológico Superior, institución que pertenece a una red nacional de universidades públicas con un alto nivel académico y con instalaciones que ya quisieran muchas escuelas particulares, las cuales rara vez ven excedido su limite de admisión porque muchos estudiantes se abocan en otras universidades también públicas ( por lo que te puedo decir que si de espacios para estudiar se trata los hay), el 80 % de los alumnos en esa escuela no cuentan con auto y no hay trasporte publico que los lleve hasta la puerta de la escuela por lo que para llegar caminan casi in kilómetro por un camino que en algunas partes es empedrado y por otras una brecha de tierra.
    Gran cantidad de los alumnos en el tecnológico también trabajan y sin embargo nada de eso los limita .
    No me atrevería a decir que los pobres son pobres por que quieren pero tampoco me atrevo a culpar por completo a nuestros sistemas de gobierno por la situación de pobreza que también se vive.
    No todos los alumnos de escuelas particulares de prestigio somos parte de un élite económica, y tampoco somos una clase mediocre, por favor no hables por todos, en este tema como en muchos mas la generalización no tiene lugar.
    Tengo amigos que visten bien, usan palabras de moda, estudian en escuelas de prestigio social y académico, son hijos de empresarios, de funcionarios y ex funcionarios públicos, viajan , son personas de una admirable calidad humana, y a ellos contrariamente a lo que afirma Raphael si les duele la asimetría y hacen mucho por ayudar, no lo presumen, no lo divulgan, simplemente lo hacen, y no a fuerzas sino por voluntad.
    Por esos estudiantes, por mis compañeros de estudios y por mi te agradecería que reconsideraras el contenido de la afirmación que a su vez tu citaste de tomaste de otro autor “la élite económica de jóvenes mexicanos que estamos en escuelas privadas formamos una clase más bien mediocre, poco preocupada…”
    Tan clasista es rechazar a alguien por su precariedad económica o académica como lo es rechazar a alguien por que no tiene problemas económicos.
    Estoy en desacuerdo con los excesos pero no son exclusivos de la clase alta, todo aquel que quiere derrochar lo hace con aquello que esta a su alcance, al igual que la educación, el despotismo y la arrogancia no son exclusivas de una clase social, sin embargo para evitar dicha situación no es suficiente leer y criticar, proponer, y desquitar los miles de pesos invertidos en tu educación como lo sugieres, nunca se ha ganado una carrera con solo quedarse viendo la meta u opinando de ella.
    Vale la pena recordar la importancia tanto del bien ser como del bien estar y para poder ayudar hay que tener con que hacerlo.
    Criticar colegiales por videos en que reflejan una vida suntuosa no es de mucha ayuda, hay mucho mas por hacer, el principal problema de México son no son sus élites, como tampoco lo son sus pobres o su numerosa clase media, el problema de este país son todos esos espacios (hogares, escuelas, empresas etc) en que siguen fomentando cosas “nosotros los pobres” o “ustedes los ricos” que no abonan a una perspectiva trascendente en la que se de primordialidad a la dignidad humana.

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