Una linda noche para fumarse un porrito

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@MarianoMoreno7

“Sentados en corro merendábamos besos y porros, y las horas pasaban de prisa entre el humo y la risa”.

– Joaquín Sabina. “Con la frente marchita”

Andrés Calamaro, estrella del rock argentino, daba un memorable concierto cuando en un interludio le dijo al público: “Qué linda noche para fumarse un porrito”. Por esta frase el autor de “Flaca”” y Crímenes perfectos” sería demandado por los delitos de apología de la droga y difundir públicamente el uso de estupefacientes. “Es como hacer una propaganda nazi”, afirmaban desde la ignorancia sus más férreos críticos. “Para mí, Calamaro es un delincuente, no un artista, y hay que meterlo en cana (en la cárcel)”. Fueron once largos años de proceso con la justicia de La Plata, hasta que finalmente fue absuelto.

Nadie debería irse preso por incitar al consumo de una droga. Tampoco por consumirla. El juicio contra Andrés Calamaro ha pasado a la historia como uno de los procesos judiciales más ridículos y vergonzosos que ha tenido la Argentina, pero nos ubica en el contexto de un conservadurismo medieval que gira en torno a las drogas y su necesaria (y urgente) legalización.

Parafraseando la canción de Joan Manuel Serrat: “la Corte me sabe a yerba”. Y de la buena. La Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha hecho historia al otorgar un amparo que le permite a la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante (SMART) sembrar, cultivar, preparar, poseer y consumir marihuana. Por fin se está abriendo la puerta de la legalización.

Cualquiera que haya visitado países tolerantes a las drogas como Holanda y Uruguay sabrá que las calles no están repletas de marihuanos o de adictos, ni que es una obligación consumir drogas si uno no lo desea. Incluso, el olor a marihuana es más potente en un concierto en el Zócalo de la Ciudad de México o en los estacionamientos de las universidades que en las calles de Amsterdam o Montevideo.

Suponiendo que yo “quisiera” conseguir algo de yerba (tengo que hacer esta aclaración porque mis padres leen esta columna) podría tenerla sin ningún problema en media hora como si fuera Dominos Pizza. Sólo es cuestión de hablar con la gente que sabes que conoce gente que conoce gente. El slogan de la guerra contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón era “Para que la droga no llegue a tus hijos” ¿Se acuerdan? Sin embargo, a pesar de tantos soldados y millones invertidos, cualquiera que desee fumarse la ramita de Ciriguaya lo hará porque es muy fácil conseguirla, sea legal o no.

La guerra contra las drogas ha fracasado. Cientos de miles de muertos lo confirman. Hoy en día estamos en una situación peor que la de Chicago en los tiempos de la Ley Seca con Al Capone. La persecución punitiva a las drogas no ha impedido su uso y la prohibición ha causado muchísimas más muertes que la droga per sé.

¿Cuántas familias no han sido destruidas por el abuso de alcohol? ¿Y lo vamos a prohibir? Dios mediante que no. Si seguimos esa lógica tendríamos que prohibir todo lo que le haga daño al cuerpo, como el sol, la Coca Cola, o las carnes rojas y el tocino según la OMS. Y ya de una vez podríamos exigir que se prohiba la vida, porque vivir tarde o temprano te terminará matando.

Los hipopótamos matan a 500 personas cada año en África y que yo sepa nadie busca volverlos ilegales. Al contrario, se busca salvarlos del peligro de extinción. Las máquinas expendedoras le quitan la vida a 13 personas al año y no precisamente por el coraje de que se te queden atorados los bocadillos. La yerbita de Dios nunca ha matado a alguien. La asfixia autoerótica produce 600 muertes al año y no por eso vamos a prohibir los cinturones. Cada quien es responsable de lo que hace con su cuerpo mientras no afecte a terceros, sea ponerse un tatuaje en la espalda baja, casarse con alguien de su mismo sexo o fumar marihuana. Basta de la intervención paternalista del gobierno. El Estado no debe inmiscuirse en lo que cada quien se mete en el cuerpo. Sean drogas… u otras cosas.

A mis padres no les gustaba la idea de que para Halloween me disfrazara del Papa. Es por eso que me disfracé de planta de marihuana. Generalmente trato que mis disfraces sean polémicos y aquel 31 de octubre yo estaba en Estados Unidos, por lo que supuse que un disfraz así alteraría la moral y las buenas costumbres. A diferencia de lo que ocurrió con Andrés Calamaro, nadie me demandó penalmente por hacer apología de la droga. Al contrario, durante la fiesta la gente se me acercaba como si quisieran fumarme de verdad y se sacaban tantas fotos conmigo que me sentía como El Bronco. Incluso, cuando subí la foto de mi disfraz a Facebook, mi padre le dio “Like”, no sé exactamente en qué sentido. Ahora Estados Unidos cultiva y vende su propia marihuana, mientras aquí en México apenas acabamos de otorgarle un amparo a cuatro personas para consumirla.

Por la violencia que ha sufrido por tantos años, por el horror y las muertes producto de la lucha contra el narcotráfico, México no puede permitirse seguir manteniendo prohibida una plantita que no le ha hecho daño a nadie. Si quieren prohibir algo realmente nocivo para la salud y la mente, que prohiban la música de banda. Mientras tanto libertad para María y para aquellos que la fumen, porque después de la decisión de la Corte pronto todos los días serán lindos para fumarse un porrito como Andrés Calamaro.

Estoy seguro que dentro de muchos años, cuando la prohibición haya caído, la gente mirará al pasado y se preguntará ¿Por qué nos tardamos tanto tiempo en legalizar las drogas?

Comentarios

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One Comment;

  1. joaquin de loera said:

    Muy buena reflexión, sólo un comentario: la mariguana si te puede matar, leía por ahí que 10 kilos de hierba, que caigan, desde un quinto piso… si te matan! saludos,,,,

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