¿Y Jesús fue a recibir las llaves?

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@cocuaguilar

Yo pensé que aquella época de los cristeros ya había pasado. El tema de la religión es uno muy delicado y más -mucho más- cuando se mezcla con la política. Benito Juárez García, el de los billetes de veinte y Presidente de 1858 a 1864, era lo que hoy diríamos “bien mocho”, pero hasta él entendía que era necesario, como para entonces ya lo habían hecho muchas de las naciones vanguardistas, separar los asuntos del Estado de los asuntos de la Iglesia.

Pero en México somos -bueno, son- bien católicos. México es el primer lugar mundial en obesidad -¡eso!- pero en número de católicos se ve superado por Brasil. No es extraño, entonces, que muchas personas tengan cierta predilección por expresar su fe de ciertas y peculiares manera, y no hay ningún problema, a mí me parece que es fundamental respetar las creencias de las personas, sean en Jesús o Maradona. La bronca es cuando, como ya mencioné, se mezcla con la política. ¿Alguno de ustedes recuerda a Vicente Fox haciendo campaña con una imagen de la Virgen de Guadalupe -cual Miguel Hidalgo- o besándole la mano al Papa Juan Pablo II?

Por eso es extraño entregarle las llaves de la ciudad de Monterrey a Jesús. No por el hecho de dárselas, sino por todo el show que precedió a la ceremonia. La alcaldesa de Monterrey, Margarita Arellanes -sí, adivinaron: panista- llevó a cabo una ceremonia, porque eso fue, en la Macroplaza, en la que no sólo entregó las llaves de la ciudad a “nuestro señor Jesucristo para que su reino de paz y bendición sea establecido”, sino que además realizó prácticamente un ritual cristiano, incluída la mención de algunos versículos del Salmo 40. Lo peor no es eso, lo peor es que los allí reunidos vitoreaban y aplaudían, en actitud propia de un fanático, cada que la alcaldesa alababa a Jesús. Sólo faltó que al final proclamara “¡Viva Cristo Rey!”, el grito de guerra de aquellos infumables cristeros a finales de la década de los veinte.

No hay que escandalizarse, pero la anécdota ahí queda, como algo gracioso o sumamente espiritual, espantarnos deberíamos si este tipo de sucesos llegan a replicarse en otras partes del país. Quizá lo más destacable del acto fue la ausencia de Jesús, me entra curiosidad por saber por qué no fue a recibir las llaves de la ciudad de Monterrey.

¿Y si a mi tocayo Mancera le entraran las ganas de darle las llaves de la Ciudad de México a Satanás?

Foto: Especial

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