Yeipi escribió una columna y al Internet no le gustó lo que dijo

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@Joso9

Me gusta el Internet. Tiene ingenio. A veces. Y cuando digo “el Internet” me refiero a las 45 veces que hago click en “abrir nueva pestaña” sólo para revisar Facebook 15 segundos, toda la música que escucho en Youtube, mi Instagram y las dos o tres páginas pornográficas que no puedo ver porque en Inglaterra las tienen bloqueadas que alguna vez visité sin querer. Es útil llegar a un consenso de lo que para nosotros es el Internet, pues debemos ser conscientes que apenas y arañamos una ínfima parte de todo lo que significa. Con sólo visitar la página de una biblioteca universitaria uno puede tener acceso a miles y miles de ensayos académicos que han sido digitalizados, pero también hay historias negras de trata, asesinatos y prostitución que se pagan en Bitcoins.

Pero esto no parece ser impedimento para que algunas publicaciones y medios ahora se refieran al Internet como antes (bueno, todavía) se referían a la Secretaría de Gobernación, tomándolo como una fuente única y valiosa de información en sí misma. Y no estamos hablando aquí de los “50 mejores tuits para introvertidos” o “Los mejores memes del Atlas vs Chivas”, que parecen ser una práctica más que aceptada por el periodismo internacional.  No. Aquí hablamos de notas que usan al “Internet” como si fuera una vocería, un comunicado detallado y unánime de voces. Por eso existen notas como “The Internet Is Calling Jennifer Lawrence Out For Being Rude To A Reporter”, “Emily Blunt Tried to Make a Joke & the Internet Didn’t Like it One Bit”, o por supuesto la portada de Kim Kardashian en la revista Paste que supuestamente “rompió el Internet”.

Hay dos problemas con este tipo de notas: uno, no importan: en realidad, rara vez importa lo que 500 tuiteros hayan manifestado en sus redes sociales. ¿Creen que Jennifer Lawrence o Amy Schumer tienen una crisis existencial cada vez que al “Internet” no le gusta lo que hacen? Por supuesto que no. Claro, hay veces en que a través de las redes sociales se pueden hacer cosas buenas o conmovedoras, pero que pasemos gran parte de nuestro día pegados a la computadora no quiere decir que las cosas que ocurren en ella sean de lo más relevante.

Segundo problema: no son ciertas. Para empezar, cuando estas publicaciones hablan de que alguien “ganó” el Internet o lo volvió loco, generalmente se refieren a que algunas personas en Twitter (a veces a Facebook) opinaron algo. Son noticias exclusivamente virales, que son comentadas por mucha gente en estas dos redes sociales, pero poco más. Peor aún, si uno dedica siete segundos a buscar opiniones en Twitter, se da cuenta que nunca hay unanimidad, ni siquiera en los temas más básicos de libertad o respeto a los derechos humanos “El Internet” tiene una sola opinión al respecto. Si fueran sinceros, los encabezados de estas notas tendrían que decir “Algunas personas con acceso a Internet opinan tal y un chingo de gente opinan exactamente lo contrario”, pero eso equivaldría a decir que la nota no importa (y, como ya vimos, en efecto no importa).

Pero sospecho que esta práctica es un intento de medios y reporteros de tener una postura moral sobre un tema “reportando” que mucha gente opina así. En lugar de tratar de buscar un colaborador que diga por qué Donald Trump es un peligro para la política estadounidense, es más fácil reportar que el Internet está enojado con Donald Trump por sus comentarios sobre los musulmanes.

Y ya que hablamos del tema, ¿realmente tenemos que vivir al pendiente de cada movimiento de cada celebridad en Twitter o en otras redes sociales? Quizá lo mejor que podríamos hacer sería dedicar una página enteramente a las noticias que no son relevantes pero que ocurrieron en terrenos digitales . ¿Qué dicen? ¿Que J.K. Rowling tuiteó que en realidad los tataranietos de Ron y Hermione serían Ravenclaws en lugar de Gryffindors? ¡PUM! lo publicamos en esta página, en lugar de leerlo 36 veces en nuestro feed Facebook. Sospecho que así nació la idea de Buzzfeed, pero “el Internet” se dedicó a imitarla en lugar de dejarlo existir por su cuenta.

En fin, haríamos bien en buscar historias fuera de nuestras pantallas. Así que les prometo que mi próxima columna no tendrá que ver con asuntos online, pues tengo fe en que todavía queda mucha vida real allá afuera.

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