Yo no quiero refugiados sirios

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@medicencocu

I. Los niños que trajeron las olas

La foto es devastadora.

No necesita demasiada descripción: un niño sirio de tres años, muerto, ahogado, en una playa turca. Por la conmoción que provocó la historia, sabemos que en las últimas semanas decenas de refugiados sirios, entre ellos niños, han corrido el mismo destino que Aylan Kurdi en las aguas del Mar Mediterráneo.

La diáspora siria, por mar y por tierra, tiene un sólo destino: Europa. Lejos de las balas de ISIS, los kurdos, el ejército y los rebeldes sirios. Lejos de una guerra que rebasa los 300,000 muertos. Lejos de un conflicto que, según el ACNUR, ha desplazado a más de siete millones de civiles y forzado a otros cuatro millones a buscar un hogar lejos del Levante. Lejos de la pesadilla de la guerra.

El camino, sin embargo, no es sencillo. Para que los refugiados sirios alcancen Alemania, Suiza, Francia, países que son garante de asilo, deben cruzar por una Europa con un creciente temor a los viajeros de Oriente Medio. Basta con ver lo que ocurre en Hungría -inevitable país de paso hacia Europa continental- donde los migrantes han sido violentados e, incluso, donde el Primer Ministro húngaro ha urgido al Parlamento a aprobar medidas que permitirán deportar y apresar, prácticamente, a todo sirio que pise suelo húngaro.

Afortunadamente, no son pocos los países (el Reino Unido, Chipre y Bélgica sumados a los ya mencionados más arriba) que se han sumado a los esfuerzos humanitarios, y han respondido a las miles de solicitudes de asilo no sólo de sirios, sino también de afganos, iraquíes y kosovares afectados de igual manera por el conflicto en Siria.

Pese a ello, no podemos borrarnos de la mente aquellas impactantes imágenes. Esos niños que trajeron las olas para recordarle al mundo de una guerra que lleva peleándose más de cuatro años. Una guerra estúpida. Un conflicto producto, en razón considerable, de la hipocresía de las grandes potencias mundiales.

II. Yo no quiero refugiados sirios

Circula una petición al Presidente para abrir las puertas a los sirios en busca de asilo. Y el tema se ha empezado ya a tratar en las mesas de debate y en las charlas del día a día.

Históricamente, México ha sido un país solidario. En la primera mitad del siglo pasado, nuestro país recibió a miles de rusos que huían del regimen de un tal Stalin y tendió la mano a refugiados republicanos españoles que escapaban de la Guerra Civil. En los setentas y ochentas, decenas de miles de centro y sudamericanos llegaron a suelo mexicano, como parte de la ola de desplazamientos que las infames dictaduras militares provocaron al sur del continente.

La idea no suena mal. Y, vamos, que si hasta la Venezuela de Nicolás Maduro ya se pronunció entusiasta de recibir refugiados sirios, ¿por qué no habría de hacerlo México?

Supongamos que el gobierno mexicano idea una estrategia para recibir a un centenar o a un millar de refugiados sirios. Es algo que, me parece, deberíamos aplaudir, sobre todo a un gobierno encabezado por un sujeto que ha dejado en claro que le falta madera de líder.

Sin embargo: ¿De qué manera podemos garantizar su seguridad?, ¿realmente estamos en condiciones de ofrecer nuestro país como asilo?, ¿tienen las instituciones mexicanas la capacidad de asumir una responsabilidad tan grande?, ¿es México -por más pesimista que suene- realmente un buen lugar para estos refugiados?, ¿no deberíamos, como país, primero ocuparnos de nuestros propios problemas?

Yo no quiero refugiados sirios en un país en el que no podemos garantizar la seguridad ni siquiera de sus propios ciudadanos. Yo no quiero refugiados en un país mancillado por la violencia, la corrupción y la impunidad. Yo no quiero refugiados en un país en que las instituciones, precisamente, tratan a los migrantes como basura. Yo no quiero refugiados en un país donde los derechos humanos no existen. Yo no quiero refugiados en un país con un gobierno podrido.

Sólo como nota al pie: ¿por qué sí estamos dispuestos a recibir, a digamos, mil sirios, no vemos con los mismos ojos a los miles de centroamericanos que cada año intentan -porque no todos lo logran- cruzar el territorio nacional buscando llegar a los Estados Unidos?

Creo que México, al menos ahora, no puede sumarse al esfuerzo con el mismo ímpetu que antaño. No digo que no se deba. A nuestro país, desde que estalló el conflicto, han llegado, al menos, decenas de sirios. Mientras esté dentro de nuestras posibilidades, hablo tanto como país y como individuos, podemos tender la mano a la gente siria. No obstante, deberíamos empezar a verlo como un privilegio que no nos podemos dar.

Foto: Especial

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